Seguro que todos se acuerdan que había unas cuantas maneras de hacerse el Civilization, que es Potencia. Una de ellas era construir un montón de módulos espaciales y ponerlos en órbita para ensamblar una supernave y así colonizar nuevos mundos y todo ese rollo. Pues si conseguías montar la nave antes que nadie y enviarla a Alfa de Centauro (una estrella a unos 4 años luz de aquí, semana más semana menos) antes que nadie, ganabas el juego.

Este PEDAZO de Juegazo empieza cuando dicha supernave tiene un accidente antes de llegar un planeta habitable que curiosamente giraba alrededor de una de las estrellas del sistema. Bueno, accidente es muy general. Un motín lo describe mejor. Al parecer hay mucha mucha gente en la nave y se han formado un montón de facciones, naturalmente todas en desacuerdo de como debe llevarse el gobierno de la colonia una vez que aterricen en el planeta. Al final lo que pasa es que se cargan al capitán y dividen la nave en ocho partes (diseño modular mortal) y cada una de las facciones aterriza en un sitio del planeta.

 

Lo que me pone CACHONDO de ese juego no es el modelo del juego en sí, que aunque muy refinado y todo eso sigue siendo el básicamente el mismo que el del Civ, lo que mola es que aparte de todo el asunto de construir tu propio Imperio y destruir/pactar con tus enemigos, hay una historia coherente muy campeona que va progresando a medida que avanza el juego, con sus elecciones morales y todo. Está relacionada con la vida indígena del planeta. Para más diversión, no solo tienes a un montón de locos fanáticos, anteriormente tus camaradas, tratando posiblemente de volarte el culo rápidamente, sino que además hay ciertos gusanos mamones en el planeta que no ven con muy buenos ojos que vayas por ahí construyendo ciudades en su territorio. La superficie del planeta está asimismo cubierta de unos hongos rosas bastante raros, que hay que quemar para pillar espacio para nuestros edificios.

Como no podía ser de otra manera, el juego tiene montones de movidas. La diplomacia es un pasote, puedes hacer montones de cosas. Incluso se pueden montar una especie de Naciones Unidas y votar leyes globales para que todo el mundo las cumpla. El arbol de investigación es inmenso, y la cantidad de estructuras que se pueden construir dentro de las ciudades es verdaderamente notable. La lucha es en plan piedra papel o tijera, con tres números por unidad que te dicen el ataque, defensa y movimiento. Quien tenga más ataque sobre una defensa, suele ganar, pero hay experiencia para las unidades y un componente aleatorio con críticos y todo eso.

El juego tiene una producción artesana. Cada vez que haces un descubrimiento te planta un video sobre el mismo, con citas de los distintos líderes del juego. Hay un montón de texto comentando montones de cosas, desde los ciberimplantes hasta las granjas hidropónicas. Cualquier pillado de la ciencia-ficción (como yo) se puede tocar y mucho con todo esto.

Podemos jugar en multiplayer a esto, aunque no muy recomendable para una MEGA PARTY (si son muchas personas el turno puede tardar un montón en llegar), tiene todo el carisma echarse un hot-seat con los colegas (teniendo un montón de manga que leer y de quicos para comer entre los turnos, claro está).

Hay por ahí una expansión que tiene alienígenas pegándose y cosas nuevas. Se llama Alien Crossfire y también mola un montón, aunque por alguna razón cambian las facciones humanas por otras parecidas. Así que ya sabeis, malandrines. Es la hora de un poco de estrategia por turnos para flipar como Generales Campeones.