Hace unas semanas me dió la vena arcade-melancólica (aparte de que estaba ejecutando múltiples juegos con motor 3D de todas las edades para ver cómo hacían la iluminación de los modelos y todo el rollo) y me puse a jugar al Descent, el primero, en una máquina virtual (el DosBox). Ni que decir tiene que con el vicio que le pilla a estas cosas después de usar el combo WASD-ratón, la mejora de mi juego con respecto a cuando lo vi por primera vez es considerable. Pero al igual que antes, me vi inmerso en una movida frenética donde, a todos los efectos, había un montón de naves espaciales con forma de robots malvados. Por eso Super Mola.

The Descent

¿De qué va? Bueno, no tiene mucha trama que digamos, aunque los que hayan jugado se acordarán que antes de empezar un colega en un despacho te suelta un rollo inmenso sobre no-se-qué de unos robots que se han vuelto locos (pero cuando yo jugaba antaño no tenía ni idea de inglés, así que nunca supe por qué estaba volando robots majaras en pedazos). El caso es que cada nivel es una mina con un montón de bichos mecánicos hostiles, y nuestra misión es encontrar el generador de fusión de la mina y volarla con un par de disparos. Luego hay una cuenta atrás para salir pitando y que no nos coja la explosión. Adicionalmente debemos rescatar a unos colegas que son prisioneros de los robots mineros rebeldes.

Al ser un juego que venía con la estela del Doom, tiene básicamente el mismo innovador, original y entretenido plot device: esto es, busca las llaves amarilla, azul y roja. Nada nuevo por ese lado. Nuestra nave viene equipada con un escudo, que se recarga con unas pelotas gordas y azules que podemos encontrar por ahí. No se recarga solo, así que hay que ir con cuidado (en realidad es como si fuera la vida). Hay una selección muy variada de distintas armas para destruir a nuestros oponentes mamones. Tenemos armas láser, misiles, y una ametralladora molona que consume municion bien rápido (Vulcan Cannon). La energía de las armas láser se agota, pero hay zonas en los niveles (recargadores), por donde si viajamos, se recarga la energía de los lásers. Los malos son variados y pintorescos. Son bien cabrones, y esquivan tus disparos. Los hay más chicos y más gordos, y los gordos pueden tirarte misiles, lo cual es un rollo porque si te dan, te vuelan en pedazos rápidamente.

 Scratching!

El juego en su momento tuvo un par de ideas interesantes. Navegamos por la mina en nuestra nave, y lo podemos hacer con cualquier inclinación: esto es, el suelo está donde a nosotros nos de la gana. El sistema puede ayudarte a compensar nivelando la nave de manera que sea perpendicular a las paredes (o al techo y al suelo), pero también podemos desactivar esa opción. El movimiento ahora no solo puede ser adelante, atrás, strafe derecha, strafe izquierda, sino que también podemos hacer strafe arriba y abajo. Para esquivar está super campeón, aparte que te da una sensación de libertad mucho mayor, si cabe. Hay habitaciones secretas con munición y escudo que podemos descubrir, y la arquitectura de los niveles es cuando menos digna de ver. A causa de esto, en el Descent II te equipan con un pequeño robot azul inmortal (the GuideBot) que te guía por los niveles y te ayuda a encontrar puertas y llaves. Neat. Y el multiplayer está Mortal, con montón de naves dando vueltas en ángulos imposibles por la pantalla. Muy divertido.

 The Core

La banda sonora está super chula (sobre todo con si es con el midi de la época, que es para la que fue diseñada). La tengo para escucharla en el coche, está Mortal. Tiene un sorprendente número de canciones, una por nivel, al parecer, y el juego tiene un montón de niveles (más de 20, creo). Con respecto a los gráficos, están chulos, pero más chula está la actualización que le hicieron – Descent Ultimate, aumentándole la resolución y la calidad del iluminado, y todo eso. Sacaron el Descent II y el III, pero el tres ya se les fue de las manos y perdió la magia, a mi juicio. El código fuente del Descent II anda por ahí, por si alguien le apetece ver las barbaridades que tuvieron que hacer para que esto andara decentemente en un 486.

 To the Eye!

Un juego simple, pero muy adictivo, perfecto para quitarse el stress del día a día del trabajo de un Señor del Universo, en caso de que uno lo sea.