Este juego, no es coña, es tenido por uno de los juegos más elaborados e innovadores del Multiverso por los expertos en videojuegos que andan por ahí. Una historia oscura (y repleta de humor negro, evidentemente) sobre Magia, Sacrificios, y Dioses mentalmente inestables, donde como mago profesional tenemos la oportunidad de cambiar el destino de todo un mundo (podemos elegir entre destrucción, aniquilación o vaporización, en realidad). Todo ello empaquetado en uno de los motores más extraños que hayais visto en vuestra vida.

 Sacrifice, chavalotes

Habiendo reventado nuestro propio Universo previamente, nos damos una vuelta por Hyperboria, un lugar donde cinco dioses majarones se están peleando todo el rato para ver quién mola más. Según elijamos la misión de qué dios, los demás se cabrearán contigo, ya que tendrán objetivos contrapuestos. Normalmente consistirá en volar otro mago en pedazos. Pero la campaña está chula y tiene mucha rejugabilidad, porque no es lineal, es en forma de árbol, y hay muchas combinaciones posibles, dependiendo de para qué dios trabajemos. Muy inusual.

Ejército molón

El gameplay está super chulo. Es como un juego de estrategia en tiempo real à la Starcraft, pero vemos a nuestro mago por atrás, en tercera persona. Podemos invocar a un montón de criaturas diferentes, y podemos decirles hacia donde ir, a quien atacar, y todo eso. Como ordenar a un ejercito como proceder desde tercera persona es un poco complicado, disponemos de un minimapa super chulo que nos permitirá hacer justo eso. Las criaturas son bastante inteligentes y atacarán a cualquier malo que vean por ahí, y además se les puede decir que usen formaciones de combate. Necesitamos, asimismo, maná en cantidades industriales (en todos los juegos es azul, qué cosas. Se puede uno imaginar a las huestes de Abraham contemplando maravilladas en el desierto como cae del cielo un montón de pan de gambas de color azul…), y el mana se consigue de unos geyseres de maná que hay por todo el escenario (esto es el rollo RTS). Hay que invocarles un edificio encima (los manaliths) para poder usar ese mana. Es más, hay que invocar a unas curiosas criaturas saltarinas con cabeza ardiente (Manhoars) que transferirán ese maná donde quiera que estés. Suena difícil? Se acostumbra uno. Si les dices que te sigan, tendrás maná gratis, pero mueren muy fácilmente, como era de esperar. Todo mago tiene un altar (un edificio enorme) que sirve de fuente de maná y al que puedes regresar en forma espiritual si te matan. Una vez allí, resucitaremos.

¡Fuego!

Para poder invocar las criaturas, necesitaremos almas. Sí señor, las almas son la gasolina de los magos. Recogemos unas cuantas, y podemos invocar criaturas molonas (joder, hasta dragones gordos). Peeero no es tan fácil. Para pillar almas (sobre todo las de tu enemigo, que estarán disponibles si te cargas a sus criaturas) hay que convertirlas a un formato de alma compatible, para lo cual debemos sacrificar a esa pobre criatura en nuestro altar. Invocamos entonces a unos colegas que se llaman sac doctors, unos enanitos medio deformes con unas gigantescas jeringas, que se encargarán del sacrificio. Para derrotar a un mago enemigo, lo que tenemos que hacer es volarle el altar, y eso lo hacemos sacrificando una de nuestras propias criaturas en el mismo. Los sac doctors realizarán el ritual y se encargarán de darle lo suyo al hechicero en cuestión.

¡MÁS Fuego!

Como podrán ustedes observar, señoras y caballeros, por las capturas de pantalla, los gráficos son la leche, a pesar de que el juego tiene ya como siete años. Los colegas que diseñaron las criaturas le echaron un montón de imaginación, y hay muchas muchas, y en ocasiones es confortablemente gore y horrible. El motor tiene terreno deformable, la iluminación está muy conseguida, y el sonido es, bueno, increible. Todas las criaturas tienen su propia manera de contestar, como en el Starcraft y todos estos. Y tiene musicones que no veas.

joder

Así que ya sabeis, niños y niñas. Este es el juegazo definitivo, así que ya estais tardando en viciaros como Asimov manda.